Manías personales muy curiosas

Todos los seres humanos tenemos nuestras costumbres y manías en mayor o menor grado, algunas muy curiosas y/o llamativas.

Demetrio, un veterano funcionario público, durante sus últimos tiempos de vida laboral, trabajó como secretario del entonces presidente de la Junta de Canarias, Vicente Álvarez Pedreira, allá por los años ochenta.
La presidencia pre-autonómica tenía su sede en un coqueto palacete de la santacrucera Plaza de los Patos y en él trabajaba todos los días el tal Demetrio, que sabía más que los ratones colorados, como decimos en estas islas.

El hombre siempre presumió de no mentir a los periodistas y, cuando engañaba a los informadores, tenía la manía de meterse las manos en los bolsillos del pantalón y hacer una peineta al plumilla de turno, lo que al parecer le exoneraba del pecado de falsear la realidad, según me comentó en más de una ocasión.

Otro maniático extraño es un periodista tinerfeño, que no voy a citarle por su nombre no vaya a ofenderse, que camina por las aceras de cualquier ciudad mirando hacia abajo, para evitar pisar las juntas de las baldosas, por lo que anda como si estuviese ejecutando un extraño baile, porque la suela de sus zapatos han de entrar en cada paso dentro de las cuadrículas que hay en el suelo.

Hay manías para dar y tomar./suamuleto.

Mucha gente tiene la manía de pisar con el pie derecho al entrar en un barco o en la cabina de pasajeros de un avión y otros que hacen caso a algunas supersticiones, como no viajar los martes o los días trece de cada mes, y no digamos si coinciden ambas circunstancias, por lo que uno en esas fechas concretas puede encontrar en la Internet tarifas muy atractivas, por si no lo sabían.

Hay manías para todos los gustos, y creo que las personas más maniáticas suelen ser las más ordenadas, que siempre quieren que “las cosas estén en su sitio” y no hay quien las mueva porque se contrarían mucho.

He conocido a muchos maniáticos, aunque no es cuestión de hacer una relación de amigos y conocidos que lo son. Sí me sorprendió saber hace años que en una determinada familia tinerfeña, residente en La Orotava, el patriarca tenía prohibido que se consumieran turrones y otros productos típicos navideños hasta el día de Nochebuena. Nunca supe si esa manía el jefe del clan lo hacía por ahorrarse dinero o por una extraña superstición.

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Es una publicación de El Diario de Tenerife.com