La maldición de Tutankamon

La muerte de dos fiscales implicados en las actuaciones jurídicas llevadas a cabo contra los responsables de haber vulnerado la ley en el denominado procés, parece recordar a la maldición de Tutankamon después de la desaparición de Lord Carnavon, por la picadura de un mosquito, y de otros arqueólogos dispuestos a revelar los secretos ocultos en el Valle de los Reyes. Algunos han intentado relacionar estos hechos con una venganza del más allá, convirtiendo a Cataluña en un territorio mágico protegido por sortilegios que provienen de corrientes telúricas coincidentes con el origen de las civilizaciones. Ya habíamos visto como Junqueras afirmaba, no hace mucho, que la antigua Bagdad, la ciudad legendaria del califa Harun al Rashid, el de Las mil y una noches, formaba parte del antiguo imperio catalán, pero lo que es sorprendente es este parentesco con los constructores de las pirámides y los hipogeos.

En cuanto a belleza competitiva, ya sabíamos que Barcelona se llevaba la palma. Nada que ver con Bilbao, con su puente tan elegante y visitantes ingleses que quedaban prendados por las nativas. Siempre creímos que esa ciudad era el mejor sitio para nacer de toda España, y que los que allí lo hacían podían elegir también otro lugar, pues esto, como cualquier otra cosa propia de vascos, era una cuestión de testosterona. Pese a esta circunstancia, Barcelona exhibía un mayor pedigrí de antigüedad al ser elegida por el mismísimo demonio para tentar a Jesucristo, cuando mostrándole la ciudad desde una colina le dijo: “Todo esto te daré (Tibi dabo), si me adoras”. Y eso que Vascongadas y Navarra eran la tierra de Dios, según Jardiel Poncela ¿Puede haber mayor demostración de grandeza?

Los fiscales Romero de Tejada y Maza, fallecidos con una diferencia de días./abc.

Lord Carnavon logró llevarse a Tutankamon y a Nefertiti a un museo de Londres. Los egipcios pudieron decir en ese momento que los ingleses los habían despojado de sus bienes con el mismo derecho que los independentistas catalanes dicen ahora: “España nos roba”; como si se estuvieran llevando la tumba de Ramón Berenguer, de Elisenda de Moncada, de Violante de Hungría, o estuvieran desmontando piedra a piedra un monumento de Pedralbes para trasladarlo a Madrid que, por si fuera poco, no tiene barrio gótico ni prostitutas en el Raval para que las vaya a robar Camilo José Cela al carrer Robadors.

No me cabe duda de que esta Barcelona cada vez se parece más a la ciudad de los prodigios de Eduardo Mendoza. Se ha convertido en misteriosa a fuerza de ser novelada por Ruiz Zafón, y hasta ha terminado siendo como el Egipto de los Reyes que maldicen a los que los desentierran siguiendo la tradición de Terenci Moix. El fallecimiento de los fiscales Maza y Romero de Tejada se ha asimilado a la muerte misteriosa de Lord Carnavon y sus correligionarios. Este es un nuevo argumento para considerar al sacrosanto proceso de independencia como un acontecimiento sobrenatural gestado en los sótanos sombríos de la Catedral del Mar. Contra esto no se puede luchar. Ni 155 ni nada parecido se puede aplicar contra el mito y la magia. Yo le recomendaría a Puigdemont que, antes de volver de Bruselas, se diera una vuelta por Chartres, visitara la catedral y se imbuyera de las influencias subterráneas de los antiguos templos dedicados a la diosa Isis. Puede que venga con la fuerza suficiente para demostrar a su pueblo que la verdad está con ellos desde el principio de los tiempos y así convencer a algunos de esa circunstancia extraordinaria; lo que no va a lograr es que dejen de marcharse las empresas ni que vuelva ninguna de las que se fueron. Y yo, personalmente, creo que, sólo con eso, tampoco va a conseguir los votos.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com