Manías de políticos

Aunque exista alguien que piense lo contrario, los hombres y mujeres que se dedican a ejercer la política como profesión o como vocación, también tienen sus raras costumbres, sus manías más absurdas y sus anécdotas graciosas, como cualquier hijo de vecino.

Hoy me ha dado por acordarme de diversas actuaciones de estos peculiares ejemplares humanos que campan por nuestro panorama y voy a contarles algunas situaciones concretas.

Por ejemplo, una joven política tinerfeña, hace años, nada más tomar posesión del cargo, tras ser votada por sus ciudadanos, lo primero que hizo fue ordenar al encargado de los servicios de mantenimiento de la institución que empezaba a presidir, que cambiara urgentemente la taza de water de su cuarto de baño por una de más reducidas dimensiones, porque debido a su pequeña estatura, cuando se sentaba en el “trono” las piernas le colgaban, lo que representaba una dificultad añadida cuando la señora quería hacer de vientre…

Hay otra mujer que se dedica a res pública, natural de Tenerife, que fuma como una auténtica carretera, pero sólo en la intimidad. Nunca la verán coger un cigarrillo en público, y se tiene bien ganada la fama de que deja apestando a tabaco y llenos de humo los cuartos de baños que visita para saciar su dependencia.

Otro político isleño, que actualmente ocupa un alto de alta responsabilidad pública, ha ido nombrando asesores y más asesores, hasta un total de setenta. Una manía incompresible que sólo se puede deber a dos razones: o que es un inepto para desempeñar el puesto o que ha querido colocar a unos cuantos amiguetes en puestos de confianza, como agradecimiento a su colaboración “desinteresada” en tiempos pasados.

Todos conocen lo peculiar que es el presidente de Cantabria, un tal Revilla, amigo de acudir a programas televisivos para exponer sus tesis sobre la gobernabilidad racional. El amigo suele llevar en sus viajes por toda España latas de anchoas de Santoña, que va regalando a quienes le reciben, entre ellos los monarcas. Ah, y siempre acude en sus visitas a los palacios de La Zarzuela o de La Moncloa en un taxi.

Todo lo contrario que el actual alcalde de Santa Cruz, al que le gusta usar los coches oficiales con chófer, una costumbre que usa para desplazarse de que cumplió la mayoría de edad y se presentó a sus primeras elecciones. No sé si el amigo Bermúdez sacó alguna vez el carnet de conducir, pero lo cierto es que no le ha hecho falta tener coche propio desde hace unos cuantos lustros.

Y para terminar, por hoy, les contaré la costumbre de otro político canario (ya fallecido, tristemente) que cada vez que se desplazaba desde su isla natal a la capital grancanaria, tenía la costumbre de alojarse en el mismo hotel y en una determinada habitación. Al hombre le gustaba empinar el codo y se pasaba veladas enteras en la barra del bar del hotel consumiendo una concreta marca de un whisky escocés añejo (de por lo menos treinta años), por el que sentía verdadera pasión. Ojalá esté disfrutando ahora de la paz eterna.

pacopego@hotmail.com

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