Parece que el juez es más listo que Puigdemont

Puigdemont: el burlador, burlado.

El magistrado instructor Llarena ha retirado la euro orden de busca y captura contra Puigdemont y sus cuatro cómplices que están refugiados en Bélgica. Ya no hay caso en Bélgica. Ya la justicia belga no podrá influir en las causas por la que tienen que ser juzgados  en España –que serían las citadas en la concesión de sus extradiciones—. Si Puigdemont y los otros cuatro quieren regresar a España serían detenidos nada más poner el pie en este país y juzgados por rebelión, sedición, malversación, etcétera. En Bélgica ya no hay causa, se acabó el abogado de los mil euros por hora. Puigdemont podría vivir toda la vida libre, pero sólo en Bélgica, porque con otra euro orden emitida por el Tribunal Supremo, cualquier otro país de la Unión Europea procedería a su detención y extradición. Lo tiene crudo para presentarse a las elecciones y, sobre todo, a la hora de recoger su acta. Un preso no puede ejercer como presidente y este, en cuanto ponga una pata en España, al talego. El juez Llarena ha actuado correctamente, aplicando el derecho y cumpliendo con su obligación de perseguir los graves delitos cometidos por los fugados. Y, sobre todo, no supeditar el proceso a lo que diga la justicia belga. Ha sido una jugada legal maestra. A Puigdemont se le ha borrado de su bocaza la sonrisa irónica. Ahora se tiene que someter a las leyes de su país e ingresar en prisión. Ni será presidente, ni nada. Su historia se termina aquí. Ya está bien de intentar burlar el Estado de Derecho, ya está bien de intentar jugar con la Constitución y con la justicia. Ya está bien de mentir y de enarbolar un referéndum tramposo, que es la única bandera que les queda y parece mentira. Ya está bien de intentar engañar al mundo con una falsa violencia policial. Ya está bien de engañar a su propio pueblo y de sacarle el dinero a través de organizaciones tan abyectas como Ómnium Cultural y Asamblea Nacional Catalana, liderada por esos dos personajes de novela negra, los llamados Jordis. En cuanto Puigdemont regrese a España— supongo que el CNI lo estará vigilando en Bélgica, a él y a los otros cuatro—será detenido, conducido ante el juez y éste le aplicará la ley. Y como existe riesgo de fuga deberá ingresar en prisión, para que sus delitos no queden impunes. ¿Por cuánto tiempo hasta el juicio? No lo sé. Por el que marque la ley, ni un día menos. Ya está bien de esta tomadura de pelo a las instituciones españolas, que tienen el deber de hacerse respetar y de no dejar que las burlen. Puigdemont, al talego. Se creía más listo que nadie. Tiene dinero, Dios sabe de dónde lo saca, y se lo ha gastado en abogados, en hoteles, en comilonas en Bruselas. Se cree que se lo merece todo, mientras muchos españoles no llegan a fin de mes. ¿Pero qué es esto, hombre? Este sujeto está a punto de dar por concluida su vida política. Porque España es una democracia y esta gente es una charanga.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com