El Real tuvo ráfagas de un gran Madrid (3-2) ante el Dormund

Lo que ha hecho glorioso al Real Madrid es su capacidad para superar las crisis. Ayer había marcado dos goles en los primeros 25 minutos (Mayoral, en jugada de Cristiano e Isco, y Cristiano, en un tiro prodigioso desde el borde del área). Ayer comenzó el Real haciendo un gran partido, decayó luego porque se relajó, como siempre, le marcó un gol el Borussia (alguien que debería ser madridista, Aubameyang, que consiguió los dos del Dortmund) y acabó ganando por 3-2 gracias al tanto de Lucas Vázquez en el 80, en pleno asedio madridista. A mí me encantó el Real Madrid ayer y no me inquietó el resultado, a pesar del empate a dos del Dortmund, conseguido en los inicios del segundo tiempo. Siempre creí que con la actitud mostrada, la formidable actuación de Ceballos, que entró en la segunda mitad, los desbordes de Cristiano, que ayer volvió a ser Cristiano, y la entrada de Llorente y Marco Asensio en el equipo –el segundo, tras la lesión de Varane— era difícil perder el partido. Y así ocurrió. Zidane tiró del fondo de armario –Theo, Lucas, Mayoral y los demás suplentes citados—y la jugada le salió bien, en cuanto colocó en su sitio a los jugadores, sin experimentos. El sábado recibe al Sevilla, con los dos centrales titulares lesionados o sancionados, circunstancia que terminará por colocar a Casemiro y a Nacho en el centro de la zaga y Marcelo y probablemente Theo (Carvajal tampoco podrá jugar, por sanción) en los laterales, aunque quien sabe: Llorente también ha jugado de central y Vallejo está ahí, por si acaso. La verdad es que mimbres sí que tiene Zinedine Zidane para hacer unos buenos cestos. Yo disfruté ayer, sobre todo con la capacidad de entrega del Real Madrid, que cuando ataca con rapidez es un torbellino. Y, curiosamente, ayer hizo su juego más rápido cuando Isco había sido sustituido. Ya son muchas las voces que dicen que aunque Isco sea mágico, ralentiza al Madrid. Hay que cambiarle el chip al extraordinario jugador malagueño. Las 70.000 personas que casi llenan el “Santiago Bernabéu” ayer salieron contentas con la actitud del equipo. El Borussia sólo se empezó a despertar a raíz del segundo gol del Madrid, que dejó helada a su plantilla. Un golazo, en tiro seco de Cristiano, que el portero visitante ni siquiera vio entrar. Impresionante. Luego, como es habitual, relajación del Real, crecimiento del rival, empate y a ganarse la victoria con la épica. Tuvo ocasiones Cristiano de marcar un par de goles más, pero no es su año de suerte. Menos mal que el año se está acabando. Parece que hoy recogerá su quinto balón de oro. Al menos es lo que dicen todos los agoreros. El museo de Cristiano en Funchal, Madeira, es muy hermoso. Y muy frecuentado; es un negocio. Es posible que mañana se abra allá otra vitrina con el quinto balón de oro que lo distingue, otra vez más, como el mejor jugador del mundo. Lo iré a ver, lo prometo. Ya estuve allí el año pasado, por estas fechas./Real Madrid.

Lo que ha hecho glorioso al Real Madrid es su capacidad para superar las crisis. Ayer había marcado dos goles en los primeros 25 minutos (Mayoral, en jugada de Cristiano e Isco, y Cristiano, en un tiro prodigioso desde el borde del área). Ayer comenzó el Real haciendo un gran partido, decayó luego porque se relajó, como siempre, le marcó un gol el Borussia (alguien que debería ser madridista, Aubameyang, que consiguió los dos del Dortmund) y acabó ganando por 3-2 gracias al tanto de Lucas Vázquez en el 80, en pleno asedio madridista. A mí me encantó el Real Madrid ayer y no me inquietó el resultado, a pesar del empate a dos del Dortmund, conseguido en los inicios del segundo tiempo. Siempre creí que con la actitud mostrada, la formidable actuación de Ceballos, que entró en la segunda mitad, los desbordes de Cristiano, que ayer volvió a ser Cristiano, y la entrada de Llorente y Marco Asensio en el equipo –el segundo, tras la lesión de Varane— era difícil perder el partido. Y así ocurrió. Zidane tiró del fondo de armario –Theo, Lucas, Mayoral y los demás suplentes citados—y la jugada le salió bien, en cuanto colocó en su sitio a los jugadores, sin experimentos. El sábado recibe al Sevilla, con los dos centrales titulares lesionados o sancionados, circunstancia que terminará por colocar a Casemiro y a Nacho en el centro de la zaga y Marcelo y probablemente Theo (Carvajal tampoco podrá jugar, por sanción) en los laterales, aunque quien sabe: Llorente también ha jugado de central y Vallejo está ahí, por si acaso. La verdad es que mimbres sí que tiene Zinedine Zidane para hacer unos buenos cestos. Yo disfruté ayer, sobre todo con la capacidad de entrega del Real Madrid, que cuando ataca con rapidez es un torbellino. Y, curiosamente, ayer hizo su juego más rápido cuando Isco había sido sustituido. Ya son muchas las voces que dicen que aunque Isco sea mágico, ralentiza al Madrid. Hay que cambiarle el chip al extraordinario jugador malagueño. Las 70.000 personas que casi llenan el “Santiago Bernabéu” ayer salieron contentas con la actitud del equipo. El Borussia sólo se empezó a despertar a raíz del segundo gol del Madrid, que dejó helada a su plantilla. Un golazo, en tiro seco de Cristiano, que el portero visitante ni siquiera vio entrar. Impresionante. Luego, como es habitual, relajación del Real, crecimiento del rival, empate y a ganarse la victoria con la épica. Tuvo ocasiones Cristiano de marcar un par de goles más, pero no es su año de suerte. Menos mal que el año se está acabando. Parece que hoy recogerá su quinto balón de oro. Al menos es lo que dicen todos los agoreros. El museo de Cristiano en Funchal, Madeira, es muy hermoso. Y muy frecuentado; es un negocio. Es posible que mañana se abra allá otra vitrina con el quinto balón de oro que lo distingue, otra vez más, como el mejor jugador del mundo. Lo iré a ver, lo prometo. Ya estuve allí el año pasado, por estas fechas.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com