El Madrid pasa, en días, de ser un desastre a la más absoluta genialidad

  • Ayer ganó el Mundial de Clubes a un Gremio apabullado por los blancos

El Real Madrid es un equipo tan genial como capaz de jugar como los dioses o sumar en la incertidumbre y la tristeza a su afición. Ayer tocó lo primero: venció al Gremio de Porto Alegre, dándole una lección de fútbol y con un recital tan sorprendente de Luka Módric, que fue distinguido como el mejor jugador del torneo. Y Cristiano es ya, con Pelé, el máximo goleador de la Copa Intercontinental/Mundial de Clubes, que viene a ser lo mismo. El partido recordó a los mejores de los blancos en Europa. El Madrid se crece en las finales. Parece que la Liga le aburre, aunque Zidane dijo ayer que lo más que desea es ganarla. Todas las líneas de los madridistas funcionaron a la perfección y el único que desentona, aunque Zidane no lo va a quitar de la titularidad, es Benzema. Ayer fue sustituido por Bale, a diez minutos de final, que nos obsequió con un impresionante tiro a puerta, que paró el portero. Cristiano marcó un segundo gol, a mi entender mal anulado por fuera de juego del propio Benzema, y el Madrid pudo marcar un par más, si los defensas no hubieran rechazado los disparos, sobre todo un chute de Carvajal que tenía que haber acabado en el fondo de la red. Bueno, pues resulta que el Real Madrid volvió a las andadas, justo antes de las vacaciones de Navidad y en las vísperas del clásico contra el Barcelona. Si el Madrid juega como lo hizo ayer ante el asombrado Gremio, que fue a Abu-Dhabi a ganar, el Barcelona no tiene nada que hacer: el equipo blanco fue directo, veloz, implacable, con un dominio absoluto del centro del campo donde Módric fue un verdadero genio: estaba en todas partes, no falló un pase e incluso tiró a puerta, aunque no muy bien. Ayer, el Real Madrid fue el Real Madrid de las grandes tardes y ya tiene en su vitrina otro Mundial de Clubes, y van seis. Y es el quinto trofeo de este año, o sea, ha ganado todos los que ha jugado. Este Madrid es imparable, lo mire uno por donde lo mire, pero, claro, va un día y la caga ante el Leganés, se olvida de que es el Madrid y le empatan. Es tan bueno el equipo que a veces se olvida de lo que representa. Todas las líneas funcionaron como un reloj, reverdece la flor en el culo de Zidane y ayer no falló nadie sino Benzemá, al que Zidane no va a quitar del equipo titular e, incluso, hará que un día juegue bien y haga maravillas como aquella ante el Atlético de Madrid, cuando se fue de tres contrarios y marcó. Yo ya me lo creo todo de este equipo, que no es de este mundo, y que pasa del desastre a la más absoluta genialidad. El asombrado Gremio sólo pudo agradecer el paseíllo que le hizo el Madrid, coger sus medallas de subcampeones e irse con viento fresco a Porto Alegre. Desde hoy, Porto Triste.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com