Puerto de la Cruz: Una ciudad decadente con una comisaría destartalada

Cristales rotos, pero no pasa nada.

  • Los más de 70 miembros de la plantilla de la Policía Local hacen su trabajo partiendo de un local de vergüenza

Ya no es sólo que siga sin aclararse el rocambolesco incidente de que alguien puso agujas en la silla de un suboficial de policía para que se las clavara al sentarse –como así ocurrió–, sino que las instalaciones y el mobiliario de la comisaría de la Policía Local del Puerto de la Cruz cobran tintes de vergüenza.

Y esto ocurre en una ciudad en donde la imagen debería ser impecable, pero lamentablemente no ocurre así. La Policía Local portuense, con más de 70 efectivos en su plantilla, no tiene suficientes coches con los que patrullar, las motos se han quedado antiguas y son más sidecares que otra cosa y los miembros de la plantilla no están contentos con los medios que tienen para trabajar, claramente insuficientes.

El falso techo se ha venido abajo. Nadie lo arregla.

La sede de la Policía Local, situada en el mismo edificio municipal, es un reflejo de éste, que tiene la mitad de su estructura, la que da al mar, semiderruida desde hace años y años, sin que ninguna corporación se decida a arreglarla. El Puerto ha padecido una fuerte crisis económica, al parecer ya superada, en parte gracias a los disparatados costes de sus plusvalías, a su altísimo IBI y a otros impuestos, más caros que en cualquier otro municipio isleño.

Así están las sillas donde se sientan los policías.

La ciudad, que está gobernada gracias al pacto entre PP y Coalición Canaria, adolece de serios problemas de limpieza y de arreglo de jardines. Y su cuerpo policial soporta un alto índice de absentismo; y sus agentes no están en la calle, como debería ocurrir, precisamente porque a pesar del número de agentes teóricamente suficientes –aunque por debajo de la media recomendable–, hay demasiadas bajas en el servicio.

Y es curioso que ocurra todo esto, en un cuerpo policial bien dirigido y que debería estar mejor dotado. Nos consta que el Ayuntamiento tiene planes para modernizarlo, pero, de momento, la situación es más que penosa. Sobre todo a los ojos de los visitantes extranjeros: pocos son los agentes del Puerto de la Cruz que hablan idiomas para entenderse con los turistas. El inglés, correctamente hablado y escrito, debería ser la norma que impere en las nuevas convocatorias de plazas, que hace años que no se hacen efectivas.

Más de 70 personas se desenvuelven en un espacio inverosímil.

Aún así, el Puerto de la Cruz es una ciudad segura, de las más seguras de Canarias. Las labores de vigilancia se comparten entre la Policía Local y el Cuerpo Nacional de Policía, cuya comisaría, en el barrio de El Peñón, tampoco es un dechado de virtudes. Se ha quedado vieja y necesita la urgente renovación de un edificio adquirido de segunda mano, antigua residencia turística.

En el Puerto de la Cruz todo se queda viejo y no se renueva. Hay penosos espectáculos como los de la parada de guaguas en desuso y que se está cayendo, o edificios como el “Iders” y el “Martiánez”, cementerios de cemento que recuerdan a un tiempo pasado, que indudablemente fue mejor.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com