Nuevos pensamientos seniles

                              — De pequeño me lanzaba de cabeza al mar y me movía allí como un pez. O sea, que sabía nadar. Lo que no sabía es guardar la ropa.

— El refrán dice que “quien calla, otorga”. Yo digo que “quien calla, no yerra”.

— A mis amigos los elijo yo; mis enemigos me eligen ellos.

— Está delgadísimo por una sola razón; se alimenta  únicamente de los panegíricos que le dedican sus admiradores.

— No me importa que una mujer tenga pecas en el cuerpo. Me importaría —y mucho— si las tuviera en el alma.

— Dormir la siesta es perder, cada día, una parte importante de nuestra existencia.

— La palabra santiamén se refiere a la duración de la vida.

— Cada vez que los catalanes, a lo largo y ancho de la Historia, juegan a independizarse, encontramos explicación a la Torre de Babel.

— La Zoología tiene la obligación ineludible de estudiar con el mismo interés la vida del pavo real y la del hipopótamo.

— Cuando una muchacha, sin ser Ava Gardner, tiene un rostro agraciado se dice de ella que es mona. ¡Ni que estuviéramos hablando de Chita, la de Tarzán.

— Aquel joven se sentó con tal elegancia en la chaise longue del psiquiatra que hacía recordar a

Sarita Montiel cuando nos ofrecía “Fumando espero”.

— El significado de la palabra “tumulto” es muy sencillo. Se hace referencia con ella al guardia que te pone  una multa y encima  lo tuteas.

— Cuando un pueblo deja de creer en sí mismo, es inevitable que retroceda a pasos agigantados.

— Nació el alba y se escondieron bajo las almohadas todos los duendes de la noche.

— Me pongo triste cuando recuerdo a aquellos novios que, los jueves, enamoraban desde la calle con sus novias, situadas en el segundo piso de su casa.

— El hermoso verano nos permite contemplar, desde la arena de la playa, distintos tipos de pieles.

— Borrar todo lo oscuro de nuestro pasado se me antoja un deseo o una pretensión inútil.

— La gloria en este mundo es simplemente un eco que llega y emociona, pero que  huye muy rápidamente.

— No sé el motivo, pero siempre me encuentro muy lejos de mí mismo.

— Cuando Judas cobró las treinta monedas notó que algo le dictaba palabras poco gratificantes en su conciencia.

— No pierdas el tiempo suicidándote. ¿Crees que en la otra vida podrás disfrutar con un Real Madrid- Barça?

                               — ¿Cómo es posible que los poetas continúen  con su costumbre de contar a todo el mundo sus intimidades amorosas?

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com