Tabarnia

Parece una broma del día de los inocentes. Tabarnia es una idea para poner en evidencia la endeblez de una quimera, ese monstruo imaginario que tiene cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de dragón y que se dedica a lanzar llamaradas de fuego por su boca para atemorizar a todo lo que hay a su alrededor cuando en realidad su amenaza se diluye en el aire. Por eso, esa palabra se utiliza para denominar algo inalcanzable. Pasarse cuatro siglos intentando conseguir un objetivo sin haberlo logrado es tiempo suficiente para avalar esta afirmación. Es más, creo que esa quimera se ha convertido en la razón de ser de un deseo volátil y permanente en el tiempo, como la creencia que lleva a un fanático a asegurar la existencia de un paraíso que sabe que nunca va a disfrutar y del que ni siquiera tiene la seguridad de su verosimilitud. Los hombres suelen aferrarse a estas ideas míticas para justificar su razón de ser. Lo hacen con múltiples variaciones, viven con ellas y mueren sin haber podido comprobar su certeza. Eso les debería hacer caer en un estado de melancolía, pero ocurre al contrario y sacan fuerzas de sus proyectos imposibles para seguir adelante alimentando sus vanas ilusiones.

Tabarnia es la demostración de que también hay un sentido práctico de la vida que nos lleva a desechar cualquier tipo de entelequia y rechazar la irrealidad como método para organizarnos como sociedad. Trata de poner en ridículo a una reivindicación utilizando su mismo guión, que es la mejor manera de desarmar un argumento. Se parece mucho al sistema de razonamiento que utilizamos en Lógica llamado reducción al absurdo.

El mundo está desequilibrado, lo sabemos de sobra. La geografía, el clima y otros factores coyunturales hacen que en unos lugares haya más posibilidades que en otros. La civilización intenta corregir estas diferencias a base de la solidaridad y la cohesión; nunca aislando a la parte más débil, como quien quiere recuperar la salud amputando al miembro enfermo. Ese es el camino de la mezquindad, por eso el que lo desarrolla echa fuego por la boca en una especie de enajenación quimérica para amedrentar a sus enemigos y a los que considera inferiores. Las sociedades fuertes han conseguido serlo porque se apoyan en la unidad y en la colaboración para lograr sus fines comunitarios. Así se construyen grandes países, independientemente del sistema político y de la ideología que los gobierne, porque en la gran marcha hacia el mismo objetivo está el secreto de su fortaleza. Las malas condiciones se superan con el esfuerzo común, siguiendo esa teoría de la incitación y la respuesta de Arnold Toynbee. Gracias a eso Roma fue un gran imperio que partió de unos cenagales inhóspitos y Nueva York un gran centro de economía y cultura surgiendo de unos pantanos repletos de mosquitos, que es a donde llegaron los tripulantes de la Mayflowers.

Los que apoyan la secesión de Cataluña del resto de España se escandalizan de que los otros vivan a costa de su fraternidad obligada por un principio constitucional: el que consagra la solidaridad entre todos los territorios que componen el Estado. Tabarnia les ha venido a decir que allí donde tienen más adeptos están igualmente subsistiendo gracias a las ayudas que les proporcionan los que viven y producen en donde menos los apoyan. Es decir: hay unos seis millones de catalanes, aproximadamente un setentaicinco por ciento, los que residen y trabajan en Tabarnia, que subvencionan y mantienen al veinticinco por ciento restante; siendo estos, precisamente, los que se muestran más insolidarios con el resto de los españoles votando masivamente por la independencia. Este hecho es suficientemente explícito para avergonzar a cualquiera, y el motivo para que la quimera imaginaria vomite fuego por la boca, como hace Rufián en su reacción desesperada. Pese a que vivimos en un mundo de posverdades, construidas sobre arenas movedizas, de vez en cuando hay alguien que tiene la feliz idea de desarmar a la mentira. Tabarnia es una entelequia, una broma del día de inocentes, pero es muy oportuna para poner a cada uno en su sitio.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com