Aquellos brotes nacionalistas

Ahora, con el fallecimiento del prestigioso médico y veterano político Victoriano Ríos Pérez, recuerdo la celebración de varias reuniones a las que asistí como observador, en una casa terrera del barrio del Toscal, en las inmediaciones de la santacrucera calle de La Rosa, a finales de los años setenta de pasado siglo, a las que acudían también el reconocido abogado tinerfeño Bernardo Cabrera Ramírez, que fue durante una época posterior presidente de Caja de Ahorros, y el ganadero isleño Juan Pedro Dávila. Eran los tres líderes más destacados del nacionalismo moderado en Canarias, por aquel entonces.

Juan Pedro, Bernardo y Victoriano, tres hombres con la cabeza sobre los hombros, se marcaban un claro objetivo, desde su escasa fuerza electoral:  convertir Canarias en un importante enclave nacionalista dentro de la España de las Autonomías. Algo que ciertamente no se llegó a fraguar nunca por el ímpetu que en las islas tuvo la Unión de Centro Democrático de Adolfo Suárez y por el torbellino posterior que representaron años más tarde las agrupaciones insularistas en el Archipiélago, con ATI en cabeza, que desembocaron luego en las AIC y más recientemente en algo tan extraño llamado Coalición Canaria, un baúl donde se pueden encontrar trastos de cualquier color, porque su único fin es ejercer como sea el poder político regional, sin importar cómo, ni cuándo ni por qué.

Victoriano Ríos, un nacionalista de verdad./D.A

Juan Pedro Dávila, que había forjado su intensa ideología durante su estancia en Venezuela, falleció prematuramente; y Bernardo Cabrera se fue alejando poco a poco de la actividad política para centrarse más en la presidencia de la Caja de Ahorros de Tenerife; y sólo sobrevivió a aquel espíritu de identidad nacional Victoriano Ríos, que nunca se desvinculó del PNC y que trabajó de manera denodada en que todas las tendencias nacionalistas concurrieran en CC, partido que le respetó como figura política, aunque algunos de sus dirigentes no vieran con muy buenos ojos el protagonismo de Ríos.

Con la llegada de la senectud y de un paulatino empeoramiento de la salud, el médico lagunero y antiguo profesor universitario fue discretamente retirándose de la vida pública. Pero ahí queda su legado y su romanticismo político, algo que ya no existe en la actualidad y cuyos aromas sí se sentían en aquellas reuniones de la casita del Toscal.

Descansa en paz, Victoriano. Un humanista y un hombre de bien.
__
pacopego@hotmail.com

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com