El Mirandismo

El Mirandismo fue un movimiento que creamos Luis Alemany y yo allá por 1968, cuando estábamos haciendo la mili después de haber agotado todas las prórrogas posibles. Luis estaba en la oficina de Selecciones enchufado por Carlos Aguado, y yo le estaba diseñando una piscina al teniente coronel, en el cuarto de al lado. Por eso pusimos en el frontispicio de su fundación el lema de que era castrense y selectivo. Hay que tomarlo en el sentido de austero y minucioso a la vez. Un teniente nos dijo que la instrucción militar consistía en no hacer nada, pero muy deprisa. Nosotros nos escabullimos de aquella dinámica absurda y nos pusimos a la faena de inventar el Mirandismo.

¿Qué era el Mirandismo? Un reconocimiento a la influencia en el mundo de la escritura del maravilloso libro “Ortografía Práctica” de don Luis Miranda Podadera. Yo tenía un compañero de la compañía que era maestro y había recompuesto algunas reglas mnemotécnicas contenidas en el libro, especialmente para las del uso correcto de la B y la V y la C y la Z. Por ejemplo, el famoso “tri tur nu su cu ca ver sia re ur tu ri to ra ri tre gu lo ru so la car ta ro sa te tra ce”, se había convertido en “Si tú tocarte la turca vertigual tri lu trece tra lorí”. O esta otra magnífica: “Díjole en clase con mofa mal nenina no palpar cal ni sal por culpa de sol sel sil”.

Luis Alemany, uno de los creadores del Mirandismo./DA

El Miranda Podadera estaba repleto de ejercicios fantásticos para los distintos casos de dudas. Ejemplos destacables era. “Era bínudo y no bígamo el bigardo Alberto cuando guardó en el bolso bonificaciones obtenidas en la venta de anchovas y escabeche”, o “en el cuadrivio vi a tu perro que iba de escurribanda”. El Miranda era una mina para clasificar a los escritores que conocíamos. La palma se la llevaba un tal Luis de Luz que firmaba en El Día. De esta manera establecimos las categorías de mirandistas en las siguientes clases: per se, per accident, malgré lui y malgré Nous. Más tarde se incorporó al grupo Emilio Sánchez Ortíz, que siempre representó un lugar preeminente dentro del mirandismo. Esto ocurría antes de que se inventaran el famoso boom, por lo cual nos quedamos lejos de homologar la invención y llevarla a la fama que se merecía. Luis escribió varios relatos mirandistas, entre ellos el titulado: “El testamento ológrafo de Gulo Ruso”.

Siguiendo la estela de don Luis Miranda me apasionaba jugar con los misterios internos del lenguaje y a través del famoso palíndromo recogido por el maestro: “Dábale arroz a la zorra el abad” me atreví con un soneto con versos palindrómicos:

Sería solo jabón uno bajo los aires.
Ni acedos allanaran al laso de Caín,
Ni tal edad añosa soñada de latín,
Sería si me dejara paraje de mis aires.

Otro caballo hoy a mayo hollaba corto.
Amarga la su casa las acusa la grama.
Amar tal daño solo, solo soñad la trama.
Otros bailan o Ícaro o racional absorto.

Soy arsenal, a gotas, ato galanes rayos.
A la galera dono o no daré la gala.
Soy acaso persona, manos reposa cayos.
Su par era saber, rebasar era pus.
Al amado tejido lo dije: toda mala.
Sus ejes rema Leda de lamerse Jesús.

El mirandismo tiene también algo de observación especial que viene implícita en su nombre. Es, como se dice ahora, una mirada diferente. Igual que un palíndromo donde las cosas se miran igual al derecho que al revés. Cuando esto ocurre se convierten en necesarias y suficientes. Exhiben, como dicen los matemáticos, una correspondencia biunívoca, una biyección. Son doblemente verdad, las mires como las mires. En un mundo tan unidireccional como el nuestro, donde la comprobación de las afirmaciones se hace prescindible, es importante no olvidar estas trivialidades aparentes y retornar a la reafirmación de la verdad para estar plenamente seguros de donde colocamos las cosas, aunque sea echando mano de Gulo Ruso.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com