Hay frases que me llegan…

         — Es cierto que las cebollas crudas nos hacen llorar; pero esto ocurre después de que nosotros las hayamos hecho llorar a ellas cuando las partimos con un cuchillo.

–Tener una hermosa biblioteca no significa necesariamente que en la casa reine la cultura.

— El mal escritor tendrá siempre por amigo a quien le haya hecho llegar un hermoso ditirambo. Hablado o escrito. Aunque le gusta más el escrito.

— La vida de cada cual comienza con la celeridad del pasodoble y finaliza con la lentitud del tango.

— Conozco a una señora que, en lugar de utilizar las palabras rayo, trueno y relámpago, las cambia por pánico, miedo y espanto.

— Unas gotas de café en la cocina resultan muy gratas, Las gotas que nos dan en la clínica ya son otro cantar.

— El viento no cesa porque tú se lo ordenes; cesa simplemente por cansancio.

— La mejor ocasión que tiene una persona para saber quién  lo aprecia es cuando uno se queda arruinado.

— Hay personas que son felices solo cuando duermen a pierna suelta. Se les olvida que  “al camarón que se duerme se lo lleva la corriente”.

        —  Parece más que lógico que ningún médico recete gotas a un enfermo de gota.

— Es incierto que la abeja se meta en la flor para libar; lo hace para llevar chismes de una flor a otra.

— Las nubes no se atreven a colocarse delante de la Luna; es ella la que se esconde para vigilar la Tierra y dar rienda suelta a su curiosidad.

— No siempre acierta quien elige la vereda en lugar de  caminar por la carretera.

— No es precisamente azúcar lo que se precisa para endulzar una situación embarazosa.

— El queso y la gasolina tienen alimentados, una vez y otra, al ratón y al coche, respectivamente.

— Si el lector no se mete en la piel y en el pensamiento del personaje que le ofrece la novela, está perdiendo el tiempo mientras la lee.

— La búsqueda de algo nuevo suele ser un tanto presurosa; aparte de que la tal búsqueda puede resultar luego algo poco satisfactorio.

— Los fantasmas suelen esfumarse cada vez que encendemos la luz. Pero, ¿conocemos con certeza la hora y el día de nuestra vida en que debamos encenderla?

— El pez que tiene la mala suerte de quedar enganchado al anzuelo se parece al hombre que, antes de casarse, no lo piensa detenidamente. No puede ignorarse que existen anzuelos y anzuelos. Incluso anzuelos.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com