¿Qué quiere Letizia, cargarse la monarquía?

Ser mujer de un rey no es fácil. Si la extracción de la mujer de un rey, la extracción social, es plebeya y sabe adaptarse al peso de la púrpura real, vale. Si se empeña en hacer la guerra por su cuenta no sólo va a perder la guerra, sino que se puede cargar la institución, o al menos –en un país de porteras como es este— hacerle mucho daño. Luego la señora Ortiz Rocasolano, convertida en reina por razón de su matrimonio con Felipe de Borbón y Grecia, debería tener un cuidado exquisito en sus formas y en las formas de sus hijas, que deben ser educadas para reinar. No lo demostró una de ellas por fuera de la catedral de Palma y, mucho menos, su madre. Doña Sofía no se merece el desplante de una señora, su nuera, bailando delante de ella para que una foto con sus nietas que la reina emérita buscaba no fuera tomada. Tampoco se merece la abuela que su nieta le retire el brazo que pretendía abrazarla. Letizia Ortiz juega con fuego. Su marido vive, como jefe del Estado, la tensión de lo que ocurre en Cataluña; y ella debería ayudarle, no complicarle más la vida. El rey actual, sufriendo con la actitud de su mujer, y su gesto crispado están en todos los informativos televisados, en los programas del corazón, en los periódicos, en las redes sociales. Letizia Ortiz tiene que aprender a ser reina, aunque, en origen, antes de acceder a su envidiable estatus, haya sido republicana y de izquierdas, según dicen. Si no es capaz de comportarse como una reina, que renuncie. De lo contrario debe aprender a dominar su carácter, sobre todo en público. En su presentación como novia del entonces príncipe de Asturias ya tuvo un mal gesto con su esposo, diciéndole que la dejara hablar, o algo así. Ahora ha metido la pata con su suegra en Palma de Mallorca. Está enfrentada a la Familia Real, cuyos reyes eméritos han rendido incuestionables servicios a España. Ya retrató su carácter, en el libro “Adiós, Princesa”, su primo hermano, el abogado David Rocasolano. Se trata de un libro bien escrito y sincero que encontró muchas dificultades para ser publicado, pero que contaba comportamientos graves de la entonces futura mujer del heredero de la Corona. Estas imágenes quedarán para la historia. El baile de la mujer de Felipe delante de la reina madre para que doña Sofía no se fotografiara con sus nietas, también. Las de un rey crispado totalmente, seguramente porque notaba el desprecio de su esposa a su madre, a la que adora, igualmente. En la monarquía –y Letizia debería saberlo, porque es medianamente lista– está todo inventando; se trata de una institución milenaria. Bastante suerte ha tenido ya esta señora llegando tan lejos, seguramente por amor, para que eche a perder todo el esfuerzo que supuestamente ha realizado hasta ahora para que la tensión no se notara. Yo no soy monárquica, pero valoro todos los méritos de la monarquía en un país que no le hace caso a nadie. Que ahora se den estos espectáculos me parece un disparate. Dicen que esta afortunada nieta de un taxista de Málaga está desolada. Pues ella se lo ha buscado.

 

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com