La leche del Barça: la Roma se marcó dos goles en propia puerta

El F.C. Barcelona tiene una leche que no se la merece. Ayer le ganó a la floja escuadra Roma por 4-1 en el Campo Nuevo, pero dos de los goles se los metieron en propia puerta los defensas italianos. La excusa de los barcelonistas es que cuando se presiona mucho en el área rival, éste se mete goles a sí mismo. Cojonudo. Además, el árbitro holandés, casero a más no poder, escamoteó un penalti en el área del Barcelona, señalando la falta fuera del área de castigo. Está claro que el Barça ha sentenciado la eliminatoria, pero a fuerza de favorcitos. La Roma es el equipo más flojo de cuartos de final, donde ayer surgió la sorpresa. El lazo amarillo de Guardiola se difuminó cuando el Liverpool, su eterno rival, le metió tres chicharrazos que van a ser difíciles de remontar en el Etihad Stadium de Manchester. Me da que aquí se acabó el sueño del tipo del lazo, que ahora lo debe tener prendido en la parte de atrás de los calzoncillos. Por cierto, en el Campo Nuevo los radicales lanzaron globos amarillos, que se confundían con el balón. Los tontorrones de la Roma ni siquiera protestaron, pero el árbitro tenía que haber parado el partido y el Barça sufrir una sanción de la UEFA, que anda como atolondrada con la estelada y los desafíos secesionistas. Total, que el Barcelona recurrió otra vez a la suerte para ganar al equipo romano, que ya no tiene nada que hacer en el Estadio Olímpico de la ciudad eterna, porque Luis Suárez marcó a última hora, tras un regalo de un defensor italiano, que tardó como cuarenta minutos en quitarse un balón fácil de encima y dio pie al uruguayo mordedor para lanzar su habitual zapatazo que sentenciaba la cosa. Ya parece que tenemos dos probables semifinalistas, Real Madrid y Barcelona. Me gustaría que les tocara jugar juntos, a ver si el Madrid se desquita de una vez de esa presión catalana inaguantable, más de boquilla que efectiva. Ya que va a ganar la Liga, el Barcelona necesita un correctivo en Europa, aunque quién sabe con estos árbitros que Pier Luigi Collina designa para estos partidos. El de ayer, un holandés medio desconocido –al menos para mí—le echó una ayudita a los de Valverde. Por cierto, Messi no se enteró. Debía estar encandilado por el golazo de Cristiano en el estadio de la Juventus. A ver quién es ahora el mejor del mundo, si el del centro de gravedad a ras de tierra o el genio que se eleva 2,40 centímetros para marcar un gol de antología. La duda ofende, ¿no?

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com