Másteres y amiguetes.

En unos momentos en que tanto se esta hablando de másteres y titulaciones, cobra mas fuerza el relato de algunas anécdotas que me han ido sucediendo en este medio siglo.

Recuerdo a  un compañero que tuvo que cambiar de despacho para poder tener mas pared;  era de esos que les encantaba colgar  cuadros con sus  títulos. Yo –que por aquel entonces tenía 30 años menos– los miraba y pensaba:

–Qué maravilla.

Pero  con el tiempo y con  las charlas  de uno de mis mentores,  me fue quedando  claro que  lo que importan son las experiencias y no los títulos. A lo que yo añadí: y los amiguetes.  Eso importa y mucho.

Con esto no quiero insinuar que el tener títulos esté mal y que la formación académica no sea buena y necesaria. Soy un profundo defensor del conocimiento continuo. Que es distinto a la formación continua, eso se lo dejo a los sindicatos.

Moviendo cajones en casa, en estos pasados días santos, encontramos títulos que me habilitaban para cosas que yo ni recordaba. Y aún tengo en alguna que otra institución certificaciones académicas por retirar. Pero realmente nunca me han servido. Salvo el que me habilita para ejercer mi profesión, el resto, nada de nada.  No me han servido para nada.

A lo largo de los tiempos, los hechos y sus pruebas me hicieron ver que la mejor agencia de colocación son las familias y los amiguetes.  Que  la titulitis no te hace buen profesional, ni conseguir un trabajo. Aunque   tener muchos títulos  es fascinante y te posiciona como el más listo de la clase. En más ocasiones que menos, sirve de poco.

Los títulos sirven o no sirven. Depende.

Hace unos días, escuchando un programa de radio, hablaban de lo que le ha pasado a una política y su master, la cual el pasado miércoles usó la sede parlamentaria para hablar de lo suyo,  pero a este   programa de radio llamaban eruditos de los másteres, de los títulos que tenia fulano, mengano y zutano. Master aquí y allí, en este y otro país.  Lo curioso es que a esa gente tan estudiosa,  también le daba tiempo para escalar el Anapurna. Nunca me los he creído. Me pasa igual que con las ONGs.

Si para sacarme mi oposición tuve que estar dos años sin ver el sol, ¿como es que un tipo se saca un master en tres meses y con unas calificaciones espectaculares? ¿Eso no es normal, verdad? Y además pretenden hacernos creer que siguen con su vida social y vacacional a tope.

Desde que pude darme cuenta de cómo se consigue un título, dejé de colgarlos en mi despacho. Mis paredes son blancas. He huido de esos lugares donde cuelgan la vida curricular, que en las salas de esperas te invitan a entretenerte con  sus logros académicos. Es como si te estuviera diciendo:

-Mira todo lo que sé y cuánto he estudiado.

Si además lo acompañas con recortes de periódicos y algún que otro  master en inglés,…. entonces eres  la repera.

Sobre estas salas de exposiciones de logros académicos os cuento que no hace mucho, acompañé a mi esposa a un Centro Médico y entendí por qué me tuvieron tres horas esperando. No era otra cosa que poder memorizar la infinidad de diplomas, cursos, certámenes y encuentros en los que había participado ese doctor – que al final resulto ser un fraude–, pero ese es otro tema del que hablare otro día. Mientras tanto se los dejo a los tribunales.

Por lo que hoy nos toca en el mundo de los másteres, recuerdo otra anécdota, os la cuento.

Resulta que a un reputado empresario se le apareció un buscador de empleo para acceder al puesto de director general. En su curriculum vitae, aparecían  varias carreras, otros tantos másteres, varios idiomas, hasta permisos para pilotar aviones. En la sala de espera estaba otro aspirante y este le preguntó:

–¿Y tú donde has estudiado?

Y le respondió:

–¿De que hablas? … Yo soy hijo de…

Uno de los dos logró el nombramiento,  el otro siguió  haciendo másteres. Al cabo de unos  años se volvieron a ver y el director general ya era consejero y espetó al estudiante:

–Yo, sin títulos, y  gano mucho mas que tú.

Por último y con ésta termino hoy.  Hace un lustro leí en un boletín oficial, el nombramiento de un cargo político a propuesta del presidente de la  mamadera que sea –eso ahora no importa–; éste dijo:

–Propongo a fulano de tal para el cargo de tal, el cual no tiene   ninguna formación académica, pero esta licenciado por la universidad de la vida.

Aunque parezca un cuento chino,  es tan real como los adornos de mérito y capacidad.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com