Señoras

Cuando todo el mundo se suma en defensa de los derechos que las mujeres preconizan en favor de igualdad de oportunidades, de paridad, de emolumentos, etcétera, con respecto de los hombres, algunas de ellas parecen no haber tomado nota de la gran responsabilidad que supone el cargo político tan visible que actualmente desempeñan y cuya eficacia en lo ético y en lo moral debiera servir de ejemplo como para aumentar, si cabe, el compromiso social en favor de sus lógicas reivindicaciones. Aunque las culpas no son sólo suyas, como veremos más adelante, habrá que tener en cuenta la presencia e implicaciones de algunos compañeros suyos cuya incidencia terminarán condicionando, comprometiendo y hasta corrompiendo su inestimable trabajo diario.

Casos hay muchos y en todos los partidos se producen pero por su especial relevancia política, al pertenecer además al partido que gobierna, citaré sólo tres de estos casos por todos conocidos.

El primero de ellos se corresponde con la defensa de la entonces secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, justificando la indemnización cobrada por el señor Bárcenas y satisfecha en su día: “La indemnización que se pactó fue una indemnización en diferido en forma efectivamente de simulación, simulación de lo que hubiera sido en diferido en partes de lo que antes era una retribución”

El segundo tiene que ver con el casual descubrimiento, por parte de la señora Aguirrre, de la trama Gürtel mientras desempeñaba el cargo de presidenta de la Comunidad de Madrid y que acabó, como todos sabemos, con las detenciones de dos hombres de su máxima confianza, Francisco Granados e Ignacio González, quienes a juicio de la señora Aguirre les habrían salido “ranas”.

El tercero y último, según la opinión de la implicada Cristina Cifuentes, no es responsabilidad suya por cuanto los miembros del rectorado de la Universidad Rey Juan Carlos en su momento pactaron con ella unas favorables y especiales condiciones cuyo fruto fue el máster conseguido sin necesidad de haber asistido a clase, ni de haber defendido su contenido, pero sí de haberse manipulado las notas merced a la colaboración de un tribunal que ni siquiera existió y cuyas firmas han sido convenientemente falsificadas en su favor.

La conclusión o lectura piadosa a la que podríamos llegar sobre estas tres distintas intervenciones habidas a lo largo de la última legislatura es que la siempre presencia masculina en detrimento del reconocido prestigio femenino en cada uno de estos tres casos ha resultado ser más que evidente por lo que en el primero de ellos, sólo el señor Bárcenas ha debido ser el único responsable de la desafortunada intervención de la señora Cospedal respecto de su indemnización en diferido.

En el segundo, la señora Aguirre ha sido miserablemente engañada por dos distintos hombres de su plena confianza que, convertidos en ranas, manipulaban desde el fondo invisible de la charca los compromisos políticos de financiación ilegal del partido a espaldas de su inocente mentora.

Y, por último, en la tercera, la presencia de un trio masculino formado por el propio rector de la Universidad Rey Juan Carlos, el tutor del máster y el profesor del mismo, conseguirían, con su probada ineficacia, que la señora Cifuentes haya sido víctima inocente de una calumnia de tamaña dimensión que le obligaría a dimitir de su actual cargo político.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com