La violencia paciente

Según la RAE, la violencia es una cualidad, como todas las palabras formadas con el sufijo “encia”, que indica una relación con la base verbal de la que deriva. Igual que potencia proviene de potente, o paciencia de paciente, violencia lo hace de violento; por lo tanto, es a este término al que se debe recurrir para definir el alcance de lo que se expresa. Esta dependencia con la acción verbal lo es en todas las acepciones que el diccionario le otorga al vocablo y a su conjugación. Ninguna prevalece sobre las demás, porque al tratarse de una norma del lenguaje, sus efectos son tan vigorosos como los distintos epígrafes enumerados en el articulado de las leyes. De aquí que la significación séptima que le da la Academia a la voz violento, definida como “aquello que se ejecuta contra el modo regular o fuera de razón o justicia”, es tan válida y aplicable como la primera a la hora de definir esa cualidad.

La costumbre hace que identifiquemos acciones violentas con aquellas en las que se emplea la fuerza de manera directa, es decir, con consecuencias de lesiones físicas. Por esa razón el informe del resultado violento del referéndum del 1 de octubre, presentado por las autoridades independentistas de la Generalidad, se llenó de atestados, con cerca de mil heridos, en una refriega provocada por ellos mismos. Es decir, aquí se estaban fijando los límites semánticos de la acción violenta para que luego derivaran en las conclusiones oportunas. Aquellos hechos inundaron las cabeceras de la prensa internacional en una campaña de propaganda sin precedentes que lo único que pretendía era dar preponderancia a una sola acepción del término −la imagen de la policía intentando restablecer el orden subvertido− y colocando en segundo lugar al hecho violento que lo motivaba.

Curiosamente el debate surgido a partir de la resolución del tribunal alemán, que no ve violencia suficiente en el acto provocado por Puigdemont y su Gobierno porque no se ha conseguido doblegar al Estado, ya estaba presente en España, y no precisamente por los representantes de las fuerzas soberanistas, sino por aquellos que pretendían doblarle el brazo al Gobierno −aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid− interpretando como un error de éste la redacción de la euro orden dictada por el juez Llarena, mientras afirmaban que en España no existen presos políticos y que la división de poderes se produce de forma efectiva.

Disturbios en Barcelona contra unidades de la Guardia Civil./rtve.

Ya sé que el lenguaje de las leyes no debe ser explicado desde un punto de vista estrictamente gramatical, pero si no es por la existencia de ese lenguaje gramatical las leyes no existirían. No es entendible el logos, el discurso de la razón, sin la palabra ni el lenguaje, por tanto, no son asuntos independientes. Algo tendrá que ver el significado de los términos con la gradación y el alcance que le dan los tribunales a la hora de determinar su suficiencia.

Violencia es cualidad de violento, y el hecho de “actuar contra la razón y la justicia” también lo es por definición. Esto y no otra cosa es lo que ocurrió en el Parlamento catalán a partir del mes de septiembre, aunque existen datos suficientes en el auto de procesamiento dictado por el magistrado del Tribunal Supremo para entender que eran hechos programados desde un tiempo anterior. Otra cosa es lo que consideren los defensores del buenismo que asimilan la violencia solamente a la ejecución de millones de judíos en las cámaras de gas de los campos de concentración. No debemos olvidar que esto se produjo por no considerar violentos los quebrantos producidos al orden constitucional de la República de Weimar por quienes luego irían a provocar aquellos destrozos infernales.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com