Siestas de invierno

Dormir de prisa esperando que  así un día amanezca más temprano que de costumbre no conduce absolutamente a nada. Lo tengo comprobado.

En realidad, me imposibilita aprovechar el día en la medida que yo había previsto la noche anterior y cuyas consecuencias se traducen, una vez despierto, en la falta de sueño que me provoca haber tomado tan drástica decisión y que luego he de compensar con una larga y pesada siesta después de comer.

Sin embargo, es a lo largo de estas soporíferas siestas cuando recupero de nuevo el hilo de los sueños padecidos durante la noche anterior para continuar hilvanándolos con los nuevos de mediodía con la infinita esperanza de alcanzar un final feliz que me convenga del todo pero que, desgraciadamente, nunca termina de llegar.

Pruébalo de nuevo, me aconseja mi propia imaginación, porque cuando consigas que un día pueda amanecer más temprano para ti que para el resto de los mortales, será justo el momento en que logres alcanzar esa felicidad con la que siempre has estado soñando y todos tus deseos acumulados se verán al fin cumplidos a partir de ese nuevo y temprano amanecer.

He llegado a comprobar que mi imaginación supera con mucho mi propia ignorancia porque por fin he alcanzado a comprender que no por dormir de prisa amanece más temprano sino que la tierra al girar y como consecuencia de su movimiento de rotación, para muchos como yo comienza a amanecer antes que para otros muchos mortales.

Sólo me queda un único consuelo, que dando por sentado que por dormir deprisa amanece más temprano, no tendría que competir con todo el grueso de la humanidad sino sólo con aquel sector de población que se encuentre en mi mismo huso horario y eso, de verdad, sí que me consuela enormemente ¡Uf, qué alivio!

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com