El taller de Borito

Alguien me había dicho que en este lugar que representa la foto podría encontrar a Borito. Hasta encontrarlo tuve que atravesar todo el patio hasta franquear la puertecita que se aprecia abierta al fondo a la izquierda y ¡sí! allí estaba, en su maltrecho tallercito donde regularmente reparaba material electrodoméstico, entre otras muchas cosas de carácter cotidiano. Yo le buscaba para que  viniera a cambiar una cerradura estropeada en casa y fue aquella la primera oportunidad que tuve de emocionarme en aquel bello patio canario adornado con una hermosa palmera en su centro.

Ya he perdido la cuenta de los años que ya hace que aquel espacio doméstico, que en su día fue un falansterio ocupado por un puñado de familias, terminó convirtiéndose, después de una costosa reestructuración, en un restaurante y lugar de ocio compartido.
Aparte de los muchos servicios que Borito desempeñaba en su destartalado taller del fondo, a la derecha, en el interior de un pequeño cobertizo abierto al público en el patio según se advierte en la foto, un zapatero, cuyo nombre ya he olvidado, componía regularmente el calzado de los muchos parroquianos que, como yo, trataban de conservarlo a toda costa a base de medias-suelas y otras componendas, de tanto en tanto.

Nunca se me ocurrió subir al piso superior a pesar de saber que allí se encontraba la sede de lo que se dio en llamar en su origen, en 1960, la OJE (Organización Juvenil Española) dependiente de la Delegación Nacional del Frente de Juventudes de cuyo ideario yo  albergaba ciertas reservas pero en cuyo seno participaba un movimiento de voluntariado de jóvenes portuenses que, entre otras cosas, organizaban tertulias, excursiones, eventos deportivos o musicales, etcétera.

Por citar algunos de los eventos deportivos, recuerdo los partidos de baloncesto celebrados los fines de semana en la cancha de tierra de la Plaza del Charco y que tanto público reunía.

Lo cierto es que, aparte de las fotos tomadas entonces y algunas visitas esporádicas por razones de servicio tanto al taller de Borito como al del zapatero, carezco de más información al respecto que pudiera interesar al lector como no sea aquella de traer a la memoria a través de la documentación gráfica aportada, una forma distinta de vida colectiva en un precioso espacio compartido por todos sus vecinos en el centro mismo del Puerto de la Cruz y, concretamente, en la misma Plaza del Charco.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com