La investidura de Torra

De verdad que he escuchado el discurso de Quim Torra en la segunda sesión de investidura, una vez que ya contaba con el acuerdo de la CUP, y no he visto ninguna referencia directa a ejecutar una acción anticonstitucional que lleve de nuevo a la aplicación del 155. Se ha referido a la República, pero ha generalizado el alcance del término presentándolo como un deseo para todo el Estado. Incluso ha dicho que desde Cataluña se alumbró el proyecto que dio como resultado la República de 1931. Hasta ahí nada punible. El único reproche que se puede hacer es que el partido que lo apoya, representante de la derecha conservadora catalana, coincida ahora con las ansias comunes a todo el progresismo español. Me ha parecido que su pretensión ha sido envolver este argumento dentro de una idea global obteniendo así una mayor amplitud para ser compartida. Ha hecho una referencia retórica a este concepto en la que ha evitado revelar los procedimientos que utilizará para instaurar el nuevo sistema. Ha marcado el fin, pero se ha dejado por el camino la hoja de ruta. Sin el mapa no se puede descubrir el tesoro. Más bien parece Pulgarcito perdido en medio del bosque.

Torra, en su investidura./rtve

Seguirá con su alusión teórica, continuará con la propaganda y con el victimismo por los agravios recibidos, pero nada más. Dice que se arrepienten de sus errores anteriores. Parece querer expresar que la declaración unilateral no era el camino para conseguir el objetivo. ¿Esto quiere decir que renieguen del proceso? No lo creo. Aseguran que no volverán a repetir lo que hicieron porque aún la fruta no estaba madura para ser recolectada. El error consistió en la precipitación. Ahora hay un discurso suave sobre la mesa: el que no disturbe la serenidad de los jueces. El problema está en la CUP. ¿Pero qué iba a hacer la CUP votando en contra de la investidura? Eso no podía ser, lo harían pasar como el niño malo que se dedica a poner palos en las ruedas.

Es fácil decir que prometen una Cataluña diversa donde todos tengan cabida. Sugerir otra cosa sería un disparate. Lo cierto es que esa diversidad también la ofrece el Estado autonómico y, en mayor profundidad, el federalismo que propone el PSOE y que también han rechazado como solución a lo que llaman el conflicto. Hay que entender que desde el punto de vista de la supervivencia política y de la renuncia, que supondría el reconocimiento de una derrota, no se puede decir otra cosa, pero lo que es cierto es que han bajado el tono, aunque a algunos portavoces y a los comentaristas políticos así no se los parezca. El objetivo fundamental es rescatar las instituciones. Al menos eso lo tienen conseguido. Otra cosa es que les satisfaga plenamente. Significa quitarse de encima al 155, que era una provisionalidad hasta que fuera elegido un Gobierno salido de la convocatoria que se hizo desde la institución intervenida y que culminó en las elecciones del pasado diciembre.

Lo único que he escuchado de Torra es una renovación en la vocación de futuro de su proyecto, nunca repetir aquello que ha llevado a sus compañeros ante los tribunales y que parece darles un buen rédito electoral. No ha expresado nada que les pueda comprometer. Incluso quiere que se resuelva lo del Corredor Mediterráneo, y la pregunta es inmediata: ¿Cómo se alcanzaría esto sin la intervención del Estado español para su financiación? ¿Y si se tratara de un proyecto con ayudas europeas, cómo iba a colaborar la Unión en una infraestructura que afecte a un Estado que no pertenezca a ella? Hay una gran contradicción en todo esto. De aquí la suavidad sorprendente de la intervención del candidato. La realidad es que las cosas están como siempre. Es necesario que el conflicto se eternice. Este problema dejará de producir rentas el día que deje de serlo. Eso lo saben y a eso juegan. Pero no es de ahora. Lo han sabido siempre. Lo que no se entiende es que los de la CUP no lo sepan. O quizá sí lo saben y también les convenga. Las últimas encuestas les dan una subida de cuatro escaños a once, lo cual significa triplicar su presencia en el Parlament. No nos olvidemos de que la principal pretensión de los partidos políticos es colocar a sus cuadros y poder disfrutar de los presupuestos de las administraciones públicas.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com