Me planteo dejar de hablar catalán

Hoy puedo jactarme, sin temor a pecar de vanidoso, que, siendo canario, hablo, sin embargo, catalán mejor que muchos catalanes castellano; aunque también, a partir de ahora, puedo empezar a plantearme el no hacerlo. Es decir, a negarme a hablar en catalán en Cataluña.

Cataluña me ignora, o mejor dicho, pretende ignorar a todos aquellos otros catalanes y castellanos que se vuelven de espaldas al independentismo proclamado oficialmente desde la Generalitat de Catalunya a pesar de contar con una oposición que representa, prácticamente, a la mitad de todos los residentes en Cataluña.

Esta supremacía catalana, invocada desde Alemania por el cobarde huido, que no exiliado, en la figura de su último títere con cabeza de chorlito llamado Quim Torra y a quien, según él, nadie leía, y con razón, y que a partir de hoy, han investido presidente, permanecerá presente no sólo en el seno de la Generalitat sino, además, en el espíritu de todas aquellas instituciones cuyos responsables se encuentran hoy en prisión por haber colaborado estrechamente en su día en la declaración frustrada de una república independiente para Cataluña; pero que gracias al artículo 155 de la Constitución Española se vio truncada en la medida que todos ya conocemos.

Empiezo a notar que, aunque los dos van estrechamente ligados, los catalanes airean hoy mucho más el concepto de república que el de independencia porque en el fondo saben que esa es la mejor forma de conectar y mantener una cierta empatía con todos aquellos castellanos que, sin ser independentistas, sí que se sentirían dispuestos a cambiar la monarquía borbónica por una tercera república.

¿Se sentirían satisfechos los catalanes a renunciar para siempre a la independencia de Cataluña en favor de una república española también para siempre?
¿Ampararía una supuesta reforma de la Constitución la abolición de la monarquía en favor de una futura república española  a cambio de que la Generalitat rechace para siempre sus ínfulas independentistas en beneficio de la unidad de España?

En cualquier caso, me siento francamente pesimista con la apertura de la nueva legislatura que, a partir de hoy, empieza para Cataluña. Con una Generalitat presidida por el gran títere Torra, creado a imagen y semejanza política por ese otro también gran títere, Puigdemont, colocado con calzador por aquellos otros corruptos de Convergencia y Unión que permitirían, tras la espesa columna de humo que de repente supuso el fenómeno independentista, ocultar a todos aquellos que como los Pujol se beneficiaron con sumo descaro del mítico 3% puesto al descubierto por Maragall.

Es una publicación de El Diario de Tenerife.com